Las compañías ya no valen la proyección en el tiempo de los flujos de caja que generan, sino que su valor se calcula en función de lo que pueden generar en manos de un tercero capaz de obtener sinergias de lo que esas compañías hacen gracias a la combinación con los activos que tiene el comprador. Pinterest no valía mil millones cuando Facebook los ofertó por ella, pero un servicio como el suyo, unido a una máquina de vender y diseñar publicidad como la que tiene Facebook, la han llevado a que hoy valga mucho más. El caso de WhatsApp, sin embargo, no está necesariamente tan claro.
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